Frases de Narradora en “Princess Tutu” (más recientes)

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Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, hubo un hombre cuya vida llegó a su fin. El hombre tenía el poder de hacer los cuentos realidad. Por temor a que sus tragedias acaecieran realmente, le cortaron las manos. Cuando el hombre murió, todos suspiraron aliviados. Sin embargo, con sus manos recién cortadas, el hombre había escrito una historia con su propia sangre. Era la historia de sí mismo y de cómo continuaría escribiendo incluso después de la muerte.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, hubo un hombre cuya vida llegó a su fin. Aquel hombre escribió la historia de un príncipe feliz que amaba y era amado por todos. Mientras la gente se enfrentaba entre sí por el amor del príncipe, un malvado cuervo les arrancó a picotazos sus amantes corazones uno tras otro. Cuanto más los amase el príncipe y quisiera salvarlos, más alimentaba ese amor al cuervo. Hasta que el cuervo pensó “Me gustaría devorar el corazón del príncipe, el más delicioso de todos”.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, una princesa fue hecha prisionera. Encerrada en el castillo del señor de los demonios, no tuvo otra elección más que danzar como un títere... de acuerdo a sus caprichos. Un día, un héroe deseoso de salvar a la princesa retó al señor de los demonios. Pero no había forma de que aquel héroe saliese victorioso. Porque aunque él no lo sabía, era un títere creado por el mismo señor de los demonios.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió una princesa muy amada por sus padres. Un día, consiguió esquivar a los guardias del castillo y salió al exterior por primera vez en su vida. Sin embargo, no importaba cuánto caminase, fuera del castillo sólo había un bosque interminable y oscuro como la noche. Cuando quiso darse cuenta, ya no era capaz ni de salir del bosque ni de volver al castillo. En aquel reino, lo único que existía era el interior del castillo.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, hubo un hombre cuya vida llegó a su fin. Las historias que ese hombre hilaba se hacían realidad. El rey, los nobles y los adinerados del reino acudían a él para que escribiera sobre ellos. Pero al comprobar que sus deseos realmente se cumplían, empezaron a temer su poder y a aborrecerle. Cuando el hombre falleció, todos suspiraron aliviados por haberse librado de aquella maldición. Nadie oyó la burlona risa del hombre muerto.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió una doncella. Sus padres la prometieron con un joven de su confianza en lugar de con quien ella amaba. Sabía que aquel joven la amaba profundamente, pero ¿era su amor tan grande como el de su amado? La doncella dudaba. Al final, de tanto dudar entre uno y otro, olvidó a cuál de los dos amaba realmente.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, una doncella se enamoró. Deseaba contarle a su amado cómo se sentía, pero a la vez temía no ser correspondida. La indecisión la carcomía día tras día. Dejó de comer, incluso de dormir. Al final, falleció sin ser capaz de comunicar sus sentimientos. Sin embargo, el hombre al que amaba se casó y fue feliz, sin saber nunca de su existencia.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió cierto caballero. Siempre cumplió con su deber, fuese cual fuese. Ni siquiera vaciló cuando hubo de quitarle la vida a su amada. Ése era su mayor orgullo. Pero el caballero sólo sabía acatar órdenes, y tras su muerte, siguió vagando en busca de una misión que cumplir. Dicen que el otrora caballero, ahora fantasma errante, lleva en sus manos la espada manchada de sangre que una vez atravesó el corazón de su amada.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió un joven increíblemente hermoso. La gente amaba a ese apuesto joven, pero él nunca parecía mostrar interés en los demás. Sólo se amaba a sí mismo. Cuando el joven que sólo quería ser amado y no amar, por fin llegó a querer a otra persona, descubrió que ya no era capaz de expresar esos sentimientos.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió una muchacha que amaba las flores como nadie. Rezaba a diario para que su pueblo se llenara de bellas flores. Para hacerlo posible, arrancó todas las malas hierbas del lugar. Al cabo de un tiempo sus plegarias fueron escuchadas y el pueblo quedó cubierto de flores. Pero por algún motivo, ese pueblo lleno de flores de todos los colores... le resultaba un poco gris a quien lo veía.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, un hombre se enamoró de una muñeca. Un día, quizá debido a ese amor, la muñeca cobró vida y comenzó a danzar. El hombre no cabía en sí de gozo. Pensaba que la muñeca jamás lo traicionaría, y que ahora era poseedor del amor más puro e inocente del mundo. Sin embargo la muñeca, ahora viva, rechazó a aquel hombre y eligió a otro.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, hubo un hombre cuya vida llegó a su fin. El príncipe y el maligno cuervo de su historia escaparon de ella y continuaron su lucha. Al final, el príncipe se arrancó el corazón y selló al cuervo usando un poder prohibido. En cierto pueblo, el príncipe sin corazón conoció a un pato. El amor que sentía por el príncipe convirtió al pato en una princesa, y comenzó a reunir los fragmentos de su corazón. El príncipe fue recuperando sus emociones, hasta que fue capaz de amar de nuevo. Y fueron felices y comieron perdices. Pero ¿fue realmente así? No en vano, si la princesa le revelase sus sentimientos al príncipe, su destino sería desaparecer en medio de un resplandor.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, hubo un príncipe que amaba a un hermoso cisne blanco. Sin embargo, el príncipe cayó en la trampa del cisne negro y traicionó a su amado cisne blanco. El cisne negro obligó al príncipe a jurarle amor eterno. Pese a todo, sin pensar en su propio bienestar, el cisne blanco sigue protegiendo al príncipe. Y ahora ha llegado el momento de poner a prueba ese amor.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió un apuesto esclavo. Las cadenas que lo ataban no estaban hechas de acero, sino de amor. Cada día y cada noche, su princesa le susurraba palabras de amor, a las que el esclavo respondía con gentileza. Su cuerpo estaba atado, así como sus emociones. Pero, ¿cuál era realmente prisionero? ¿El esclavo o la princesa?
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió una muchacha con alas de libertad. El hombre que la amaba pensó que si ataba esas alas, nunca se separaría de él ni un instante. Pero cuando cubrió las alas con un chal encantado, se desprendieron de la espalda de la muchacha y ésta murió. El hombre no lo sabía, pero las alas de la muchacha eran su fuente de vida.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió una doncella. La llamaban Cenicienta debido a sus harapientos ropajes. Por arte de magia, se convirtió en una hermosa princesa y pudo ir al baile del príncipe. Entonces, a medianoche, la doncella volvió a ser Cenicienta, dejando tras de sí un zapato de cristal. El príncipe removió cielo y tierra para buscarla y hacerla su esposa, pero... ¿amaba realmente a aquella doncella?
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió una muchacha que amaba la danza. Un día cometió la imprudencia de enfundarse unas zapatillas rojas que la obligarían a bailar eternamente. La muchacha continuó día y noche... Pero esperad, ésa es otra historia. Sin embargo, puede que no esté demasiado alejada de la nuestra.
Narradora: Hace mucho tiempo, vivió un caballero. Por el bien de su amigo, se vio obligado a quitarle la vida. Hace mucho tiempo, existió una espada. La espada, que siempre había luchado por la paz, se dio cuenta de que para protegerla debía quitarle la vida a aquel que la blandía. Y así lo hizo. Ni el caballero ni la espada tenían elección, pero ¿realmente hicieron lo correcto? Esa pregunta les sigue atormentando hoy en día.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió cierto niño. Para el niño, el mundo estaba lleno de enigmas. “¿Cómo? ¿Por qué? ¿Para qué?” Por cada pregunta que hallaba respuesta, aparecían otras dos. Cuando dos preguntas eran respondidas, cuatro nuevas eran planteadas. Cuando cuatro enigmas eran resueltos, incontables ocupaban su lugar. Al final, el niño se vio consumido por sus propias preguntas.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, hubo un joven... que quiso liberar a una princesa de un maleficio de sueño eterno lanzado por una bruja. Entonces, un susurro llegó a sus oídos. “¿Quieres despertar a la princesa de su sueño? Cuán egoísta eres. ¿Qué te hace pensar que desea ser despertada con un beso en lugar de soñar por toda la eternidad?”
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, hubo un príncipe feliz. El príncipe feliz no sabía nada de las penurias del pasado, ni tampoco de las del futuro. Hasta que un día, el príncipe encontró una reconfortante luz. Pero esa calidez no sólo transmitía tranquilidad, sino también tristeza, dolor, y soledad.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, surgió un amor que jamás sería correspondido. Pero eso no basta para construir una historia. El hombre que había de tejer este relato de amor ya no está en este mundo. Y con este amor eternamente triste, la historia se perpetúa hasta hoy. Habiendo perdido a su hacedor, sigue vagando en busca de un final.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, hubo un hombre cuya vida llegó a su fin. La historia se interrumpió, y junto a su corazón, el príncipe perdió la gentileza que le caracterizaba e incluso los recuerdos de su heroica batalla. Y a lo largo y ancho de la ciudad, los fragmentos del corazón del príncipe buscan refugio en aquellos corazones que tengan un vacío para ellos. Entre aquellos que fueron poseídos por estos fragmentos, los hay cuyas historias se acabaron torciendo.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, hubo un hombre cuya vida llegó a su fin. El hombre estaba escribiendo la historia de un apuesto príncipe y su lucha contra un malicioso cuervo. Tras su muerte, el cuervo y el príncipe huyeron del cuento. El príncipe usó un poder prohibido que sólo él tenía para sellar al cuervo, a costa de su propio corazón. El cuervo quedó encerrado sin poder escapar, y el corazón del príncipe quedó partido en mil pedazos, que se esparcieron a lo largo y ancho de la ciudad. En ese momento, en la ciudad los cuentos y la realidad se entremezclaron, y aquello que pertenecía al terreno de la fantasía dejó de hacerlo.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, hubo un hombre cuya vida llegó a su fin. El oficio de ese hombre era escribir historias, pero eso no le permitió desafiar a la muerte. Su última historia era la de un apuesto príncipe y su lucha contra un demoníaco cuervo. Pero tras su muerte, esa batalla quedaría inconclusa para siempre. “¡No voy a aceptar esto!”, graznó el cuervo. “¡No voy a aceptar esto!”, exclamó el valeroso príncipe. El cuervo huyó de la historia, y persiguiéndole, el príncipe hizo lo mismo. Y entonces, el príncipe usó un poder prohibido para sellar al cuervo, sacrificando su propio corazón. En ese momento... “Maravilloso”. Se oyó susurrar al hombre que debería estar muerto.

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