Frases (mejores), página 9

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Alice: Hay personas que necesitan crear su propio camino, por mucho que les muestren uno.
Edel: ¿Temes a la oscuridad? Veo que te encuentras en la oscuridad de lo incierto. Pero, si tu deseo es brillar para alguien, no puedes temer a la oscuridad.
Ahiru: Soy un pato. No soy más que un pájaro. Pero lo que él ve es a la princesa Tutu en su bonito vestido. Ésa no soy yo.
Drosselmeyer: Si eres el caballero, debes derrotar al villano sin mostrar temor alguno. Si eres el villano, debes acabar con la princesa sin compasión. Si eres la princesa, debes salvar al príncipe con el poder del amor. Si eres el príncipe, debes usar tu sabiduría y valor... Es verdad, si no puedes.
Ahiru: Freya-san es encantadora. Ojalá pudiera ser como ella. Pero eso...
Uzura: Ni en un millón de años, zura.
Ahiru: ¿Qué? ¿De verdad?
Uzura: De verdad, zura.
Ahiru: ¿Es imposible?
Uzura: ¡Del todo, zura!
Ahiru: Espera, ¿con quién estoy hablando?
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió cierto caballero. Siempre cumplió con su deber, fuese cual fuese. Ni siquiera vaciló cuando hubo de quitarle la vida a su amada. Ése era su mayor orgullo. Pero el caballero sólo sabía acatar órdenes, y tras su muerte, siguió vagando en busca de una misión que cumplir. Dicen que el otrora caballero, ahora fantasma errante, lleva en sus manos la espada manchada de sangre que una vez atravesó el corazón de su amada.
Drosselmeyer: Todos los fragmentos errantes están ya donde les corresponde.
Ahiru: ¿Qué? ¿De verdad? Así que, ahora...
Drosselmeyer: Ciertamente, debe de estar padeciendo un gran dolor.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió una doncella. Sus padres la prometieron con un joven de su confianza en lugar de con quien ella amaba. Sabía que aquel joven la amaba profundamente, pero ¿era su amor tan grande como el de su amado? La doncella dudaba. Al final, de tanto dudar entre uno y otro, olvidó a cuál de los dos amaba realmente.
Rahab: Bienvenido, Elias, a este vertiginoso, desagradable y hermoso mundo.
Seth Noel: Las partes más importantes de alguien rara vez lo hacen.
Femio: La palabra miedo no existe en mi vocabulario. Pero si tuviera que temer algo, sería a mi propia belleza.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, una doncella se enamoró. Deseaba contarle a su amado cómo se sentía, pero a la vez temía no ser correspondida. La indecisión la carcomía día tras día. Dejó de comer, incluso de dormir. Al final, falleció sin ser capaz de comunicar sus sentimientos. Sin embargo, el hombre al que amaba se casó y fue feliz, sin saber nunca de su existencia.
Hermia: ¿Verdad que es conmovedor? No sé por qué, pero es como si rebosase amor. Seguro que pensaba en alguien mientras la esculpía.
Ahiru: Quizá ese alguien eres tú!
Neko-sensei: ¡Mis estudiantes se casan incluso antes que yo! ¡Nada podría hacer más feliz a un profesor!
Anticuario: Hay cosas que es bueno saber y otras que no.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, hubo un hombre cuya vida llegó a su fin. Aquel hombre escribió la historia de un príncipe feliz que amaba y era amado por todos. Mientras la gente se enfrentaba entre sí por el amor del príncipe, un malvado cuervo les arrancó a picotazos sus amantes corazones uno tras otro. Cuanto más los amase el príncipe y quisiera salvarlos, más alimentaba ese amor al cuervo. Hasta que el cuervo pensó “Me gustaría devorar el corazón del príncipe, el más delicioso de todos”.
Mytho: Cuando me hayas arrancado el corazón, recuerda besarlo y teñir tus labios con su sangre.
Hermia: El amor es algo maravilloso, pero al mismo tiempo hace que la gente sufra y se ponga triste. Así que a todos nos cuesta decir “Te quiero”, y no dejamos que nuestros sentimientos salgan a la luz.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, vivió una princesa muy amada por sus padres. Un día, consiguió esquivar a los guardias del castillo y salió al exterior por primera vez en su vida. Sin embargo, no importaba cuánto caminase, fuera del castillo sólo había un bosque interminable y oscuro como la noche. Cuando quiso darse cuenta, ya no era capaz ni de salir del bosque ni de volver al castillo. En aquel reino, lo único que existía era el interior del castillo.
Ahiru: Fakir es fuerte. Aunque no lleve una espada, Fakir es el caballero de Mytho.
Neko-sensei: Todo el mundo atraviesa periodos en los que los sueños parecen inalcanzables. Pero esa forma de pensar no es más que una máscara ante la falta de motivación.
Mytho: ¿No es extraño? Amo y deseo proteger todo lo que hay en este mundo. Y aun así, quiero que todo el amor del mundo sea sólo mío. ¿Cuál se supone que es mi verdadero ser? Quiero que me amen, ¿pero es bueno sólo ser amado? No lo sé, mi orgullo sigue perdido en la oscuridad.
Cuervo: Te amamanté con mi noble sangre desde que eras un bebé, pero no has dejado de ser una necia humana.
Neko-sensei: Últimamente, estás incluso menos centrada que antes. Da la sensación de que has perdido la motivación. ¿No será que te has dado por vencida y piensas que ya no puedes hacer nada más?
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, una princesa fue hecha prisionera. Encerrada en el castillo del señor de los demonios, no tuvo otra elección más que danzar como un títere... de acuerdo a sus caprichos. Un día, un héroe deseoso de salvar a la princesa retó al señor de los demonios. Pero no había forma de que aquel héroe saliese victorioso. Porque aunque él no lo sabía, era un títere creado por el mismo señor de los demonios.
Narradora: Hace mucho, mucho tiempo, hubo un hombre cuya vida llegó a su fin. Las historias que ese hombre hilaba se hacían realidad. El rey, los nobles y los adinerados del reino acudían a él para que escribiera sobre ellos. Pero al comprobar que sus deseos realmente se cumplían, empezaron a temer su poder y a aborrecerle. Cuando el hombre falleció, todos suspiraron aliviados por haberse librado de aquella maldición. Nadie oyó la burlona risa del hombre muerto.
Jia: ¿Cómo puedes cambiar tanto sin los tacones?
Hoho: No sabes lo aterrador que es ponerte estos. No me puedo creer que sean zapatos.
Lon Beruk: Por muy poderosa que sea un arma, si su portador es un necio, es un mero accesorio.
Mystvearn: Patéticos insectos que desafían al señor Vearn. Los fumigaré y los aplastaré.

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